5 ene 2010

Una tarde de verano

Estabamos escondidos, o al menos eso pareció. Los dos como tontos... pensando qué hacer, qué cara poner, qué decir durante ese segundo interminable.
Yo estaba en la cueva, como una niña cuando le teme al mundo exterior, pensando en qué males me asecharían ni bien saliera. En cuanto a él, se encontraba afuera mirando la enorme cueva, con esa curiosidad inevitable de "¿qué habrá allí dentro?".
Fue entonces cuando yo di el primer paso y salí al mundo exterior, olvidandome de todos los miedos, de todas las sugerencias, pero si, satisfaciendo a mis propias intrigas. Al oir ruido él se escondió detrás de pequeño un árbol, por el cual yo no podía verlo, pero él si a mi.
Y fue esa la razon, simplemente esa fue la razón por la que el pequeño extraño se me acercó.

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